El otro día en clase de filosofía Merino nos propuso una actividad, la cual se puede decir que me gustó bastante. Esta consistía en viajar en el tiempo, pero sin movernos del sitio. Todos cerramos los ojos y con una música relajante viajamos, primero al pasado (2002) y luego al futuro (2042).
En mi viaje al pasado me he dado cuenta, en primer lugar, de que todo lo que tus padres hacen, lo hacen por ti, que en el momento los puedes llegar a "odiar" por alguna que otra cosa, pero con el tiempo se lo acabas agradeciendo; y en segundo lugar, pues que el tiempo pone a cada unos en su lugar, con el tiempo te das cuenta de que no todo es de color rosa, y que algunas personas que creías que serían para siempre en realidad se van quedando en el camino.
En mi viaje al futuro, me he visto con marido e hijos, pero no me vi feliz. Me veía con familia pero triste... Notaba además que no tenía a personas que en estos momentos necesito, noté una especie de miedo. Extraño, pero así fue.
Luego cuando Merino dijo que volvieramos al presente, en mi cabeza todo se puso negro, y cuando abrí los ojos noté una rara sensación, difícil de explicar. Al ver a Laura a mi lado, noté que era una de esas personas que en el futuro me faltaba y sentí miedo de nuevo. La cogí de la mano y sentí que hay que vivir cada minuto como si fuera el último, y disfrutar de las cosas que realmente valen la pena mientras puedes, si no quizás sea demasiado tarde.
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